De transformación.
De salir del capullo.
De renacer.
En 2020, en medio de tiempos complejos y pandémicos,
encontré un refugio.
Venía del templo donde nació Kaypacha,
donde floreció por primera vez mi sueño.
Ese lugar iba a ser demolido,
y salí a buscar un oasis donde parar.
Este nuevo espacio no fue una meta,
sino un resguardo.
Un nido que me permitió seguir.
Sanar en silencio.
Sostener lo esencial,
mientras veía al mundo cambiar ante mis ojos.
La humanidad dio un giro en estos años.
Cinco años en los que
sembré, me desarrollé
y aprendí a esperar el momento correcto.
Ahora es EL momento de moverme.
De soltar, para abrirme al porvenir.
De permitir que Kaypacha entre en su adolescencia,
y yo… en otro ciclo de expansión.
Kaypacha cambia también.
Yo… me transformo con ella,
y viceversa.
Sin duda, AmarCura,
y el cambio, cuando es consciente,
es medicina.

