LOS HIJOS NO VIENEN A CUMPLIR NUESTROS GUIONES, VIENEN A TRENZARLOS CON LOS SUYOS

Con la fuerza de lo vivido y una memoria que se convierte en ofrenda para mi hija, hoy les vuelvo a compartir este texto que escribí hace unos años.

La noche del 22 de agosto de 2013 se me rompió la fuente y, con este evento se abrió un gran portal.
Tenía 39.2 semanas de embarazo y, entre contracciones que no llegaban y el agua que no dejaba de salir, entendí que debía hacer mi examen del tercer módulo de IIN esa misma noche. De otra forma, con una recién nacida en brazos, sería imposible.
Así que, con mi panza a punto de estallar y acompañada por el papá de mis hijos, me puse a contestar preguntas entre respiraciones y nervios. Lo logré!

Al día siguiente fuimos al hospital. Yo venía de una cesárea que me había dolido en el alma y deseaba con todas mis fuerzas un parto natural. Mi doctor, un hombre que creía profundamente en el poder de la mujer para guiar su trabajo de parto, me acompañó respetando mis decisiones.
Caminé, canté mantras, hablé con mi bebé, invoqué a la vida. Pero ella tenía su propio plan.

Después de 25 horas, 10 cm. de dilatación, intentos, pujidos y rezos, finalmente entendí: los hijos no vienen a cumplir nuestros guiones, vienen a trenzarlos con los suyos.
Mi hija decidió llegar a este mundo por cesárea, escuchando el segundo movimiento de la Séptima de Beethoven, con un grito feroz y un alma llena de luz.

Hoy, 12 años después, esa chamancita en potencia es casi una adolescente con carácter, sueños y una voz propia que no teme abrirse camino.
Celebro su vida, celebro la fuerza de su llegada y celebro el amor con que su padre y yo la recibimos.

Feliz cumpleaños, mi #Lianitadelamor 💕

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