MICAEL Y EL DRAGÓN

Cada 29 de septiembre se celebra el Día de San Miguel, o Micael, dentro del mundo antroposófico.
No es solo una fecha en el calendario, sino un momento de impulso interior, un recordatorio de que el ser humano lleva en sí mismo la fuerza para enfrentar a sus “dragones”: el miedo, la pereza, la duda, la desesperanza.
Micael aparece como el arcángel que vence al dragón. En la pedagogía Waldorf y en el mundo antroposófico este mito se transforma en un símbolo pedagógico:
•El dragón representa aquello que nos limita o que nos ata al ego.
•La espada de luz de Micael es la claridad, la voluntad y la valentía que habitan en cada niño, niña y adulto.
El otoño, con su contracción de la naturaleza, es el marco perfecto para esta fiesta: la luz del verano comienza a menguar y se nos invita a encender la luz interior. Esa contracción es como un movimiento de recogimiento: la tierra guarda sus fuerzas y nos invita a mirar hacia adentro.
Así, Micael nos inspira a cultivar la fortaleza del corazón, a confiar en nosotros mismos y a despertar la voluntad para aprender y transformarnos.
Las celebraciones de Micael en las escuelas Waldorf suelen incluir historias, representaciones teatrales, cantos y actividades de cosecha. Todo ello busca que los niños y los adultos experimenten, no solo con la mente sino también con el cuerpo y el alma, el impulso de valentía y esperanza que Micael trae consigo.
La fiesta de Micael nos recuerda que el verdadero coraje no es la ausencia de miedo, sino la capacidad de actuar desde el amor y la claridad aun en medio de la oscuridad.

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